Turismo Madrid

 

Un paseo por el Madrid medieval

 

Hoy todos la conocemos como Madrid, pero un día, en los tiempos medievales, fue bautizada como Mayrit. Por entonces ni siquiera se ponía nombre a las calles. A partir del siglo XII sí empezó a extenderse la consideración de que existían vías más importantes que otras y así comenzó a escucharse entre los madrileños conceptos como “calles reales” o “vías regias”. Tal es el caso de la actual Calle Mayor, ya importante en la Edad Media.

Antes que todo esto, una imagen concreta. El espacio que ocupó ese primigenio Madrid puede localizarse desde la cercana plaza de la Armería, mirando hacia la sierra de Guadarrama. Lo que se extiende ante los ojos fue la Madrid medieval.

Recorriendo el trazado medieval El Madrid medieval se descubre sobre todo en la disposición del callejero, mientras se pasean esos barrios que llevan en pie siglos, como el arrabal de la Morería, donde las calles son estrechas, antiguas y repletas de cuestas. Si uno quiere descubrir una plaza de las de antes, entonces tiene que ir a la plaza de la Villa, el núcleo de gobierno de Madrid en la Edad Media. En el pórtico de la antigua iglesia de El Salvador, hoy desaparecida, se celebraron las primeras reuniones de vecinos. El nombre de la plaza está apegado al siglo XV, cuando Enrique IV le otorgó a la ciudad el título de Muy Leal y Noble Villa.

También en el barrio de la Morería se encuentra la curiosa plaza de la Cruz Verde, donde, afirma una teoría, se realizó el último auto de fe de la Inquisición madrileña. En esta plaza se encuentra la fuente de Diana Cazadora, del siglo XIX, trasladada desde la vecina plaza de la Puerta Cerrada, que es también muy curiosa. Además, en este último enclave se encontraba la puerta homónima de la muralla cristina, una puerta tan estrecha y con tantos recovecos que fue escenario de delitos durante mucho tiempo, así que se optó por cerrarla. Es uno de los rincones más históricos y anecdóticos de todo Madrid.

Otra importante plaza medieval es la de la Paja, que fue el mayor mercado de la ciudad hasta el siglo XV, cuando se mandó construir la del Arrabal, actual Plaza Mayor. Bajando por la Costanilla de San Andrés, a mano derecha, pueden disfrutarse de los jardines del palacio del Príncipe de Anglona, un oasis de paz que data de comienzos del siglo XVI. Pasearlos, a pesar de su pequeño tamaño, es una gozada porque uno siente que se ha trasladado a otro tiempo, y pocas sensaciones hay más placenteras que esa.

Las huellas de la Edad Media
Hoy día sigue habiendo huellas medievales en Madrid. Por ejemplo, parte de la muralla que levantó el emir cordobés Mohamed I, que contaba con 128 torres de las que todavía pueden verse dos. También puede verse parte del muro, localizado en el número 12 de la calle Bailén, en los bajos de un edificio del siglo XX. Mohamed I fue, por cierto, el responsable de fundar esa primitiva ciudad de Mayrit.

Cuando Alfonso VI la conquistó, ya a finales del siglo XI, la situación cambió un poco. La población creció y se hizo necesario construir una nueva fortificación que se conoce como la muralla cristiana, que protegería los nuevos arrabales, la judería o la morería. Sus restos pueden encontrarse en la calle de Los Mancebos, pegados a unas viviendas. Pasado y presente en un mismo lugar.

Lo que no puede verse es el alcázar que construyó el mencionado Mohamed I, pues quedó completamente destruido en un incendio ocurrido en la Nochebuena de 1734. Su lugar hoy lo ocupa el gran Palacio Real, impresionante lo mires por donde lo mires. Sí es posible, al menos, comprender la posición estratégica en la que se construyó ese primitivo alcázar. Es decir, con la panorámica necesaria para observar los ejércitos que llegaban desde la sierra de Guadarrama.

Otro edificio a tener en cuenta es la iglesia de San Andrés, una de las parroquias más antiguas de Madrid, frecuentada en su tiempo, cuenta la leyenda, por el mismo San Isidro Labrador. Ha sido destruida y reconstruida en numerosas ocasiones, hasta que un incendio al inicio de la guerra civil la destruyó prácticamente por completo. Una iglesia más de gran pasado: la iglesia de San Pedro el Viejo, ya citada en el fuero del año 1202. Es uno de los dos ejemplos de arte mudéjar de la capital, además de la iglesia de San Nicolás, así que tiene doble valor.

Junto a esta iglesia puede verse una casa-palacio que perteneció a la familia de Los Vargas, para quien trabajó como labrador San Isidro. Se dice que el patrón madrileño vivió y murió en este edificio. Quizá sea el rincón perfecto para empezar a descubrir ese Madrid medieval que puede y debe pasear con tranquilidad, y siempre con atención.

 

Créditos Imagen: Iglesia de San Andrés © Jairo González. Shutterstock