Ver a los delfines del Zoo o a los pingüinos en Faunia. Gritar hasta que te duela la garganta en la lanzadera del Parque de Atracciones o hacerse una foto con Piolín en la Warner. No tiene precio, especialmente si se hace en familia.
Al escuchar las palabras Madrid subterráneo, lo primero que se nos viene a la cabeza es nuestra envidiable red de metro. Sin embargo, algo más que vías y vagones de tren se esconde bajo la ciudad…
En la Plaza de la Encarnación, cerca del Palacio Real, todavía hay gente que logra mantenerse al margen del bullicio, las prisas y la forma de vida de una
ciudad como Madrid. Hablamos de las Agustinas Recoletas, las monjas de clausura que habitan el Real Monasterio de la Encarnación.
15 de mayo: chotis, chulapos y chulapas, rosquillas, procesiones, conciertos, risas, fiesta y alegría en la pradera de San Isidro… Todo es poco para celebrar la festividad de San Isidro Labrador, patrón de Madrid y de los labradores. Pero, ¿sabemos quién fue San Isidro?
Sitúense en un amanecer de 1083, en épocas de la Reconquista. Un muchacho, con la adolescencia recién estrenada, escala una muralla con una soga cargada en los hombros. De él nacerá el apodo de “Gato” que todos los madrileños lucen con orgullo. Pero retrocedamos aún más en el tiempo, hasta el nacimiento de la ciudad de Madrid y sus murallas.
Paseando por las calles de Madrid son numerosas las estatuas con las que te puedes encontrar, pero hay algunas que no representan ni a caballeros errantes, ni a reyes o a héroes caídos en batallas, sino a gente común.
Hace ya siete años que el número 2 de la Ronda de Valencia (Embajadores) brilla con luz propia. El destartalado edificio que ocupaba esta manzana próxima al Museo Reina Sofía, se convirtió en La Casa Encendida gracias a la iniciativa cultural de la Obra Social de Caja Madrid.
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