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Capa y Taro, la pareja que captó la guerra

Capa y Taro, la pareja que captó la guerra
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“Gerda Taro/ This Is War! Robert Capa at Work” trae a Madrid el trabajo de estos fotoperiodistas.

Capa y Taro, la pareja que captó la guerra
De todos es sabido que una batalla ganada no sólo es festejada por los soldados en el frente, sino por todos los que en la retaguardia esperan ansiosos noticias de los combatientes. De la misma forma que la guerra no la pierden sólo los que empuñan las armas. La derrota, el sufrimiento y el miedo invaden a los que no hacía mucho les alentaban.

Robert Capa y Gerda Taro supieron mostrar al mundo los horrores de una Guerra Civil, la española, sin perder la compasión y la humanidad destiladas por todas sus instantáneas. Y eso es precisamente lo que se muestra en la doble exposición “Gerda Taro/ This Is War! Robert Capa at Work” que reúne en el Círculo de Bellas Artes más de 200 instantáneas, algunas inéditas, y que podrá visitarse hasta el 5 de septiembre. 

Captar el preciso momento en que un combatiente cae abatido por una bala enemiga, desde un punto de vista periodístico, no tiene precio. Pero igualmente importante es captar cómo un miliciano, ataviado con corbata, mono y un fusil en la mano, festeja, junto a otra miliciana, la resistencia de Barcelona a la sublevación o la mirada perdida de esa mujer que, conocedora de la muerte de su marido e hijo, espera, con un perro como única compañía, su traslado a un campo de refugiados.

Distintas estampas, todas ellas de una misma guerra, que ponen cara a un conflicto que Capa y Taro introdujeron en los hogares de todo el mundo, marcando un hito en el fotoperiodismo y en la manera de retratar las guerras, ya que en la exposición también se muestran imágenes del fotógrafo tomadas en el conflicto entre China y Japón en 1938 y en el final de la guerra europea.

Decía Capa sobre España que “No hace falta recurrir a trucos para hacer fotos en España. No tienes que hacer posar a nadie ante la cámara. Las fotos están ahí, esperando que las hagas”. Y no hay mejor ejemplo de ello que la instantánea más famosa de la Guerra Civil, Muerte de un miliciano, tomada en 1937 en Cero Muriano (Córdoba) y cuyos misterios se desvelan en esta muestra.

Una muestra en la que se recurre a los álbumes del autor, a los reportajes que estos dos artistas de la cámara publicaron en revistas de la época como Vu, Regards o Life y las fotografías de mayor impacto del período para dar una imagen más completa del trabajo que llevaron a cabo.

Limitada a la Guerra Civil española en el caso de Gerda Taro, quien murió aplastada en Brunete por un carro de combate cuando comenzaba a consagrarse como fotógrafa, su obra luchaba por la libertad en España, al servicio de la causa republicana. Menuda, pelirroja, de ojos verdes y con un corte de pelo a lo “garçon”, Taro sufrió por los demás en la guerra llegando a afirmar que tenía “… la absurda sensación de que de algún modo no es justo seguir viva”.

Tiempo atrás, Gerda Taro, nacida Gerta Pohorylle, había creado junto a André Friedmann, verdadero nombre de Robert Capa, el personaje de este fotógrafo americano, constituyendo una sociedad perfecta en la cual ella ejercía de representante, Friedmann de empleado de laboratorio y el inventado Capa de fotógrafo, bajo cuya firma vendían las instantáneas tomadas por ellos mismos, aunque finalmente Friedmann acabó adoptando ese seudónimo.

“Trabajo bajo un nuevo nombre. Me hago llamar Robert Capa. Podríamos decir que se trata de un nuevo nacimiento pero, esta vez, no ha causado sufrimiento a nadie”, le explicaba Capa por carta a su madre.

Capa no se recuperó de la muerte de Gerda quien, además de compañera, era su pareja. Sin embargo, siguió congelando la realidad con cada movimiento de su dedo sobre la cámara. En esta muestra podemos contemplar una parte de su trabajo como son las últimas batallas de la Guerra Civil y los refugiados que ésta generó, la situación en Asia y el final de la guerra en Europa con el desembarco de Normandía y la toma de Leipzig por las tropas americanas, donde la que iba a ser su última instantánea de la contienda se convirtió en la secuencia de la muerte de un soldado.

También en acto de servicio y con las botas puestas, como se suele decir, moriría él en 1954 al pisar una mina en Indochina cuando realizaba un reportaje para la revista Life.

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