‘(…) Era una noche de pena y de llanto
puesto que todo condujo a un fracaso
iban dos primos y dos hermanos
iban a ‘chorar’ y los delataron
Esta es la historia de Juan Castillo (…)’
… Aunque esta canción de Los Chichos podría tratar perfectamente de la
historia de ‘el Jaro’, ‘el Vaquilla’ o ‘el Torete’, tres de los delincuentes juveniles más conocidos de comienzos de los años 80 en España y tres de las figuras protagonistas de la exposición
Los Quinquis de los 80. Cine Prensa y Calle, que se muestra hasta el 28 de agosto en
La Casa Encendida de Madrid.
La explosiva
combinación de marginalidad, drogas, sexo, atracos y juventud dio lugar al nacimiento del concepto de quinqui o delincuente juvenil, una figura tan real como la vida misma, cuyas peripecias ocupaban páginas enteras de los periódicos de la época, y que pronto llamaron la atención de directores y productores de cine.
Fue entonces cuando los delincuentes juveniles dieron el salto de la calle a la gran pantalla.
En seis años se rodaron alrededor de 30 películas de esta temática que dio lugar al nacimiento del cine quinqui:
“Navajeros” y
“Colegas”, ambas de Eloy de la Iglesia,
“Perros callejeros” de José Antonio de la Loma,
“La Patria del Rata” de Francisco Lara Polop…estos son algunos de los títulos que se convirtieron en grandes taquillazos y cuyos carteles y fotografías podemos ver hoy en la exposición.
Un ‘género’, el quinqui, en cuyos guiones apenas había espacio para la imaginación.
Los diálogos se escribían en la calle, en las páginas de la prensa sensacionalista y en los propios relatos de los delincuentes, que muchas veces, protagonizaban sus propios biopic o bien se ponían en la piel de alguno de sus ‘hermanos, primos o colegas de periplos’.
El celuloide dejaba además constancia de la coyuntura social y económica del momento en los barrios del ensanche de ciudades como Madrid, Barcelona o Bilbao.
Prensa y cine
La muestra
“Quinquis de los 80”, articulada en dos espacios diferenciados,
analiza esta figura del quinqui como icono de la prensa sensacionalista y de sucesos, reconvertido posteriormente en “estrella de cine”. Ambos medios se retroalimentan y ensalzan la vida de estos jóvenes, que ven sus peripecias mitificadas.
Así, recorremos la vida de ‘el Vaquilla’ y sus andanzas por Barcelona a través de noticias en la prensa, portadas en revistas, la película sobre su vida (interpretada por ‘el Torete’ al estar ‘el Vaquilla’ en busca y captura durante el rodaje), entradas y salidas de la cárcel e incluso, su detención televisada por un medio catalán en plena Ciudad Condal… Después, escuchamos sus palabras en otra entrevista: el Vaquilla ha cambiado, ha estudiado Derecho en la cárcel pero su adicción a la heroína hace que contraiga el sida y que muera con 42 años.
Recreativos, cómics, música y droga
Los lugares de ocio y modos de esparcimiento de los años 80 ocupan una parte importante de la muestra. Los recreativos, con sus características
máquinas pinball y de ‘marcianitos’, donde muchos jóvenes pasaban las horas muertas. Y los cómics, cuyas
viñetas recogían las experiencias de estas bandas de adolescentes en las calles de las grandes ciudades.
“Oigo disparos en el callejón y tú sin poder salir, no puede fallar pero yo no te veo a ti…”
Canciones como ésta de Burning, reflejan las preocupaciones del momento y podemos escucharlas de fondo en la exposición.
Rock urbano y rumba callejera para reflejar la frustración y los problemas de la vida de los delincuentes callejeros.
Y la droga como una de las temáticas protagonistas de sus letras:
la heroína, el caballo, al que la mayoría estos jóvenes se engancharon y que casi consigue diezmar a casi toda una generación. De hecho, la mayoría de los quinquis y actores que hacen de ellos en esta muestra están muertos debido a sobredosis o enfermedades derivadas del consumo de las mismas.
Coyuntura económica y social de la España de finales de los 70
Por otra parte, la exposición recoge también cuál era la situación social y económica de la España de la transición que propició la aparición de la delincuencia juvenil. La muestra presta especial atención a los
altos índices de paro de estos años (más de dos millones de desempleados, la mayoría de ellos jóvenes), al
crecimiento desordenado de los nuevos barrios del ensanche, que aumentaron su población rápidamente sin apenas servicios sociales, y la
masificación de las prisiones españolas donde se producían continuos motines. Ingredientes todos ellos, que alimentaron la proliferación de estas bandas.
La exposición,
comisariada por Amanda Cuesta y Mery Cuesta, trata de analizar qué estaba pasando en España en esos años para que delincuentes juveniles como El Vaquilla o El Jaro se convirtieran en iconos que aún hoy siguen presentes y son reivindicados.
A través de la muestra y de las
películas que se proyectan cada miércoles en La Casa Encendida, podremos entender mejor esta época y conocer cómo unos delincuentes juveniles se convirtieron en todo un fenómeno social.
“(…) En un momento de locura, perdí la noción del tiempo, madrecita de mi vida, y yo con 30 años encima, aquí quedará mi cuerpo…” Y así termina la historia de Juan Castillo, como la de tantos otros 'quinquis' de los ochenta.