Historia, Iglesia y cultura se dan la mano en esta ciudad ribereña de la vega del río que le da nombre. Alcalá de Henares es la ciudad de Cervantes, del Arcipreste de Hita, del cardenal Cisneros y de Manuel Azaña; de la Universidad, de la Biblia Políglota Complutense y de la primera Gramática Castellana. En ella reposan, además de Cervantes y Cisneros, Antonio de Nebrija o los santos Justo y Pastor, y reviven personajes de Quevedo o de García Lorca.
Alcalá de Henares nace sobre antiguos asentamientos íberos en las ricas tierras de la vega del río Henares. Y en ellas surge la antigua Complutum fundada por los romanos en el siglo I a. C. Los abundantes restos arqueológicos acreditan sus antiguos orígenes, en forma de mosaicos y termas. La declaración de conjunto histórico-artístico en 1968, la recuperación de la Universidad en 1975 y su conversión nuevamente en sede episcopal en 1991, junto con su importancia industrial y la reciente declaración, en 1998, como ciudad patrimonio de la humanidad, hacen de Alcalá una ciudad con luz propia a los ojos del viajero.

Alcalá de Henares ha sido cuna no sólo de hombres ilustres, también de la cultura desde que en 1499 el cardenal Cisneros fundara la Universidad, con el nombre de Colegio Mayor de San Ildefonso. Desde ese momento, toda la ciudad se transforma cultural y urbanísticamente, alrededor de la nueva Universidad Complutense que en poco tiempo adquiría gran prestigio en toda Europa. En ella estudian gran parte de los grandes personajes del Siglo de Oro español, religiosos, escritores y dramaturgos, médicos y científicos, con un resurgimiento, en paralelo, de su centro urbano. Surgen calles, plazas y conventos que dan cobijo a unos y otros, y se crean grandes obras maestras reconocidas mundialmente. En 1836 Isabel II traslada la Universidad Complutense a Madrid, sin que se volvieran a recuperar las actividades universitarias hasta el año 1977.

Prácticamente adosado a la muralla, encontramos el palacio Arzobispal, inaugurado por el prelado Sancho a finales del siglo XIII, que fue sede de los sínodos y concilios de la diócesis de Toledo y albergó a reyes y pontífices en sus visitas. El edificio conjuga estilos que van desde el mudéjar toledano al renacimiento, que reflejan los diferentes momentos y propietarios. El palacio Arzobispal original del siglo XVI tenía cinco patios: el de Columnas, el de Armas, el del Ave María, el de la Fuente y el del Aleluya. Hoy está en nueva restauración al haber sufrido daños irreparables después de un terrible incendio acaecido en 1940, del que sólo se salvó la fachada, que conserva un gran escudo de armas que perteneció al cardenal-infante Luis Antonio de Borbón.

Sobre el lugar en que fueron martirizados los santos niños Justo y Pastor, a finales del siglo XV, el cardenal Cisneros mandó construir la iglesia que sería futura catedral magistral. De estilo gótico tardío, es junto a la Iglesia de San Pedro de Lovaina, en Bélgica, la única iglesia magistral del mundo, categoría concedida por los papas cuando todos los canónigos eran magister, o profesores de la Universidad. Destaca, en su exterior, su gran torre-campanario de tres cuerpos, terminada en el siglo XVII. En su interior, formado por tres naves y bóvedas de crucería, se encuentra el sepulcro de los santos niños Justo y Pastor, situado bajo el altar mayor, en una urna de plata del siglo XVIII. La iglesia conserva parte de su antiguo y rico patrimonio, como son la urna con las reliquias de San Diego, regalo del rey Felipe II, o el Cáliz de Cisneros, así como una valiosa colección de pinturas.

Antiguo palacio de Juana de Mendoza, cedido posteriormente a las dominicas de Santa Catalina, y sede desde 1607 del colegio para Estudiantes de Teología y Jurisprudencia fundado por Lucas González de Alcides. De estilo plateresco, destaca su bella fachada, en la que sobresalen las figuras de un león y de un leopardo unidos por cadenas, con una bella ventana decorada entre ambos. En la actualidad es propiedad municipal que proyecta destinarla a su anterior condición universitaria.

Muy cerca del palacio Arzobispal se alza el antiguo convento de San Bernardo, considerado como el más importante, desde el punto de vista artístico, de los nueve conventos de clausura que aún quedan en la ciudad. Fundado en 1618 por el cardenal Bernardo de Sandoval, arzobispo de Toledo, para las religiosas de la orden Cisterciense. La fachada principal, realizada en ladrillo, presenta tres portadas de piedra con una hornacina con la imagen de San Bernardo en la portada central. El interior del convento, de planta oval, al igual que su gran cúpula, cuenta con seis capillas adosadas, decoradas con obras de Angelo Nardi, pintor de cámara de Felipe III.

En la calle Mayor vivió Rodrigo Cervantes, médico del contiguo Hospital de Antezana, el más antiguo de España, levantado en 1483 como institución benéfica para pobres, enfermos, transeúntes y forasteros, y que hoy conserva su actividad gracias a una comunidad de religiosas. La Casa de Cervantes, restaurada en 1956, conserva el estilo de la primitiva. Su fachada es de mampostería y ladrillo con rejería en sus ventanas. Sus dos plantas se articulan alrededor de un patio con ocho columnas de granito y piedra, rematadas por capiteles corintios que sujetan la galería superior. El mobiliario muestra la vida de una familia acomodada en el siglo XVI. En la planta baja se encuentran las estancias de la vida doméstica, como el despacho, las salas de recibir o la cocina y el cuarto de labor. En la planta superior se instalan los dormitorios con camas, sillones, bargueños de estilo castellano, junto a algunos cuadros y grabados de la época.

Andando la calle Mayor, eje de la ciudad de Alcalá de Henares, llegaremos hasta la antigua plaza del Mercado, línea divisoria entre la ciudad medieval y la surgida ciudad universitaria en el siglo XVI. Esta plaza honra hoy con su nombre a Miguel de Cervantes Saavedra, nacido en Alcalá, donde su padre era cirujano sangrador. A un lado de la plaza se conserva la torre de la iglesia de Santa María la Mayor, donde fuera bautizado el insigne autor de El Quijote. La iglesia, destruida por un incendio en 1936 durante la Guerra Civil española, conserva, además de su torre, parte del ábside y algunas capillas que han sido reconstruidas, como la capilla del Oidor, fundada como panteón familiar por Pedro Díaz de Toledo, oidor de Juan II, que guarda en su interior la pila bautismal donde fue cristianizado Miguel de Cervantes.

Construido en 1882 para Manuel José de Laredo, fue decorado con temas geométricos en sus fachadas, realizadas en ladrillo según los cánones del estilo neomudéjar. En su interior conserva el salón central con pinturas del propio Laredo y algunas estancias decoradas con motivos de la Alhambra granadina. Está declarado monumento histórico-artístico.

Para terminar el recorrido alcalaíno basta una mirada al recinto amurallado, construido entre los siglos XIV y XV aunque sólo conserva diez torreones y dos de sus accesos: la puerta de Burgos y la puerta de Madrid, esta última reedificada por el cardenal Lorenzana en el año 1788. A lo largo de la Vía Complutense, en los jardines que rodean el recinto amurallado, se inauguró en 1993 un museo de esculturas al aire libre, con vocación de convertirse en el más grande de Europa, donde tienen cabida los mejores escultores españoles de las últimas décadas. Su visita es un paseo reconfortante después de comer en alguno de los restaurantes castellanos con que cuenta la ciudad.